Durante décadas, se pensó que la personalidad era fija después de la adolescencia. La neurociencia moderna ha refutado esto: la personalidad es plástica y puede desarrollarse deliberadamente a cualquier edad. Las personas más exitosas del mundo no nacieron con una personalidad de éxito: la construyeron hábito a hábito, decisión a decisión, durante años.
La personalidad de éxito no es un tipo de carácter (introvertido o extrovertido, tímido o atrevido): es un conjunto de hábitos mentales, emocionales y conductuales que cualquiera puede adoptar.
Claridad sobre hacia dónde van y por qué.
Hacen lo que deben hacer, sientan ganas o no.
Se ajustan a los cambios con agilidad y apertura.
Sus palabras y acciones están alineadas siempre.
Actúan sin esperar permiso ni condiciones perfectas.
Ven cada fracaso como información y aprendizaje.
Comprenden y conectan genuinamente con otros.
Creen en su capacidad sin necesitar aprobación.
Las personas que logran cambios duraderos no cambian su comportamiento: cambian su identidad. No intentan dejar de fumar: se convierten en "una persona que no fuma". No intentan hacer ejercicio: se convierten en "una persona activa". El comportamiento es la consecuencia natural de la identidad. Por eso, trabaja primero en quién quieres ser, no solo en qué quieres hacer.
Evalúa qué tan desarrollado tienes cada rasgo (1=muy poco, 10=muy desarrollado):